Asesinato del capellán Pascual Ranz

Resumen

A partir del verano de 1822, Zaragoza vive en un constante estado de tensión a causa de la amenaza de las partidas realistas que infestan todo el territorio aragonés. La continua necesidad de tropas en otros lugares hace que el orden público de la ciudad quedara en manos de los milicianos nacionales, es decir, de civiles armados que se encuadran en milicias bajo las órdenes de la autoridad municipal. Al final de la tarde del 28 de julio, una patrulla de milicianos que acababa de terminar la retreta, siguió al capellán del Portillo Pascual Ranz y llegando al arco de San Roque se lanzó sobre él con sus sables causándole la muerte. Al año siguiente, cuando se restableció el orden absolutista, dentro de un amplio plan de recuperación de la memoria de los que habían dado su vida por el altar y el trono, se inauguró una placa en el Coso en homenaje del clérigo asesinato.

Lugares

Coso, n.º 140

Fecha

28 de julio de 1822

Tipo de violencia

física, asesinato con sable.

Insitución/Agente

milicianos nacionales de Zaragoza.

Víctimas

Pascual Ranz, capellán sochantre de la iglesia de Nuestra Señora del Portillo, de 40 años de edad.

Contexto

1822 es un año crítico en la evolución del régimen constitucional en España. Nos encontramos en el Trienio liberal, y la guerra civil se ha declarado en muchos puntos del país. Aragón es uno de ellos donde las partidas realistas amenazan las principales ciudades y se enseñorean del campo. Las autoridades están desbordadas, de modo que casi no hay tropa en Zaragoza. Los milicianos nacionales se ocupan de las funciones de orden público, incluso de operaciones de carácter militar. Son muy conscientes de su importancia y del papel que están representando en el mantenimiento del régimen liberal. La situación todavía se hizo más tensa cuando se supo del intento de golpe de estado absolutista que había intentado en Madrid la Guardia Real el 6 de julio.

Esta crispación política tuvo una de sus principales manifestaciones el 28 de ese mismo mes de julio, a las nueve y media de la noche, cuando unos milicianos nacionales que acababan la retreta siguieron a Pascual Ranz, capellán sochantre de la iglesia de Nuestra Señora del Portillo, desde la plaza de la Constitución hasta el arco de San Roque. En ese momento, se produjo un forcejeo en el que los milicianos sacaron sus sables y le acometieron, según afirma Faustino Casamayor, “abriéndole la cabeza y cortándole ambas manos, la una del todo, que cayó al suelo, y la otra le quedó colgando y además también una punzada en la barriga al lado izquierdo, tres dedos frente al ombligo”. El sacerdote murió casi de inmediato. Su cadáver fue conducido, siguiendo indicaciones de la justicia, al Hospital de Nuestra Señora de Gracia, donde se le hizo la autopsia para certificar que las heridas recibidas habían sido mortales.

El mismo Faustino Casamayor precisa que el asesinato “aterrorizó a todo su sensato vecindario, mayormente no habiendo precedido riña, palabras, ni otro motivo de acaloramiento, y habiendo sido un sujeto bastante regular en sus acciones, que todas las noches iba de director del rosario que sale de la iglesia de San Gil, voluntariamente y sin estipendio alguno, como lo había practicado en esta misma noche”. Ranz sería enterrado al día siguiente en el camposanto “habiéndose incoado la correspondiente sumaria para su averiguación, y recogido la mano, y algunos trozos de la otra que a la mañana siguiente, a las 10, aún estaban esparcidas por el Coso frente a la subida de los gigantes, donde aún se notaban bastantes regueros de sangre que fue hasta donde pudo llegar y donde murió”. Ranz tenía en el momento del asesinato 40 años.

Memoria de dicha violencia

En abril de 1823 se produjo la restauración del absolutismo en Zaragoza. Las nuevas autoridades se propusieron recuperar la memoria histórica de los mártires del realismo. Para rendir homenaje a la memoria de Pascual Ranz, el 10 de junio, se organizó un rosario, acompañado de música, avemaría y el estandarte de Cuaresma. Desfiló hasta el coso y, a la altura del número 180, se instaló una placa conmemorativa donde podía leerse la siguiente inscripción:

Aquí fue asesinado a las 9 de la noche del 28 de Julio de 1822 por los enemigos de Dios y del rey el presbítero don Pascual Ranz, prior de la cofradía del Rosario de San Gil Abad Rueguen a Dios por él.

Se ignora la suerte que corrió esta placa.

Bibliografía

Casamayor, Faustino, Años Políticos e Históricos de las cosas más particulares ocurridas en la Imperial, Augusta y Siempre Heroica Ciudad de Zaragoza. 1820-1823, Institución “Fernando el Católico”-Comuniter, Zaragoza, 2024, pp. 90 y 290.

Rújula, Pedro, “El fin de los días alegres. Guerra civil y represión absolutista en Zaragoza (1822-1823)”, introducción a Años Políticos e Históricos de las cosas más particulares ocurridas en la Imperial, Augusta y Siempre Heroica Ciudad de Zaragoza. 1820-1823, Institución Fernando el Católico-Comuniter, Zaragoza, 2024, pp. LX

Autoría

Pedro Rújula (Universidad de Zaragoza)