Bombardeo del templo del Pilar
Resumen
El bombardeo de la basílica del Pilar se convirtió junto con la destrucción del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles en uno de los elementos más importantes para la legitimación religiosa del bando sublevado antes de conocerse las matanzas de eclesiásticos en el bando republicano.
Lugares
Basílica del Pilar, Zaragoza
Fecha
3 de agosto de 1936
Tipo de violencia
simbólica
Insitución/Agente
Sargento Emilio Villaceballos Garcia
Víctimas
No
Contexto
La madrugada del día 3 de agosto, según cuenta los testimonios locales, un avión camuflado bajo la bandera bicolor dejó caer tres bombas, dos de ellas dentro de la basílica y la otra en la plaza. Las últimas investigaciones señalan que el responsable fue el sargento Emilio Villaceballos García que voló con un avión Breguet XIX desde el Prat de Llobregat. Parece que lo hizo sin conocimiento de sus mandos y que desactivó previamente las espoletas y que voló bajo para que las bombas no explotaran y solo atemorizaran a la población. Dos de las bombas atravesaron la bóveda y cayeron en el templo cerca de la Santa Capilla, causando desperfectos en un lateral del fresco pintado por Goya. La tercera bomba cayó en la plaza del Pilar frente a la calle Alfonso I.
Aunque fuera una iniciativa individual, la acción fue reivindicada como propia desde el periódico anarquista Solidaridad Obrera (4 de agosto) que abría con el titular “Zaragoza a punto de rendirse. Ayer, por la tarde, nuestros aviones bombardearon el templo del Pilar” y señalaban que Durruti les había confirmado por teléfono que “nuestros aviones bombardearon, con gran eficacia, el templo del Pilar, de Zaragoza, donde se hallaban acuartelados numerosos fascistas”. Al día siguiente, el mismo diario continuó atribuyendo el bombardeo a sus “aviadores de la libertad” y señalaban que el templo convertido en cuartel “faccioso” estaba prácticamente destruido. Obviamente nos encontramos en un marco de propaganda bélica en el que se buscaba animar a los soldados en el frente sobre la posibilidad de una victoria próxima. De hecho, algunos días antes del bombardeo había circulado una postal en la que se hablaba de “la libertad de Zaragoza” y en la que aparecía un avión destruyendo una de las torres del Pilar como símbolo nacionalcatólico.
Por su parte, desde el primer momento, el acontecimiento fue interpretado en clave sobrenatural ya que ninguna de ellas explotó y la que cayó en la plaza hizo una “huella en forma de cruz”. Pronto se escucharon por la ciudad gritos de “milagro, milagro, la Virgen nos protege”. Todo ello, contribuyó sin duda a una interpretación religiosa de la guerra, y así, El Noticiero hablaría de este conflicto como “la guerra de los milagros”. Se formaron largas colas para besar el Pilar, las vendedoras del mercado, Acción Ciudadana del barrio de San Carlos y otros colectivos compraron ramos de flores para la Virgen. Pronto comenzaron a llegar telegramas de otros lugares de Aragón y de España, y se realizaron diversas ceremonias de desagravio.
En todas estas manifestaciones se puede apreciar una brutalización de los enemigos y un visceral anticatalanismo y anticomunismo. El Alcalde se dirigió a los aragoneses para que pidieran “ante la imagen la salvación de España y la confusión de sus enemigos, y al General de la V División el exterminio de los culpables”.
Memoria de dicha violencia
El Cabildo acordó solicitar de la autoridad militar las bombas para colocarlas en el museo en memoria del bombardeo y del “movimiento patriótico militar”. Finalmente, las bombas fueron colocadas en un lateral de la Santa Capilla, donde todavía se exponen hoy. Recientes investigaciones apuntan a que probablemente uno de los proyectiles que se exhibe no se corresponden con la bomba que cayó. El 17 de agosto se colocó una cruz con la fecha del bombardeo en el lugar de la plaza donde se estrelló uno de los proyectiles. A pesar de las distintas reformas de la plaza, la lápida sigue colocada en aquel mismo lugar. Durante la guerra y la posguerra se produjeron miles de estampitas, escapularios y otros objetos en los que se conmemoraba el bombardeo. Tanto es así que, en 1965, cuando un joven antropólogo estadounidense William A. Christian recorría el valle cántabro de Nansa todavía era frecuente encontrar postales con la silueta del Pilar, el avión dejando caer sus bombas y una bandera de España. Entre los distintos objetos destacaría la fabricación de bombas con la imagen del Pilar y que en ocasiones servían de portabanderas.
Portabanderas en forma de proyectil, con la Viirgen del Pilar y una placa con 18 julio 1936, para 5 banderas- fascista, falangista, franquista, carlista y nazi. Centro Documental de la Memoria Histórica.OBJETOS,143

General Varela sujetando una bomba con la imagen del Pilar grabada. Archivo Histórico Municipal de Cádiz
Bibliografía
Ramón Solans, Francisco Javier, La Virgen del Pilar dice… Usos políticos y nacionales de un culto mariano en la España contemporánea, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014.
Pujol Bertrán, Antón, El bombardeo del templo del Pilar (Zaragoza, 3 de agosto de 1936), Zaragoza, Comuniter, 2023.
Autoría
Francisco Javier Ramón Solans (Universidad de Zaragoza)