El auto de fe contra Orosia Moreno

Resumen

Orosia Moreno fue una ollera oscense acusada de vender bulas falsas, promover el molinismo y de pecar de solicitación. Sería condenada por la Inquisición en uno de los últimos autos de fe celebrados en Zaragoza. A raíz de ello, pasaría sus últimos años recluida en el “hospital de locos” de Zaragoza. La popularización de su figura se debe a su representación en un grabado por parte de Goya.

Lugares

Iglesia de San Pablo, Zaragoza

Fecha

26 de octubre de 1760

Tipo de violencia

Física, psicológica, social. Orosia fue azotada públicamente y encerrada de por vida

Insitución/Agente

Tribunal del Santo Oficio

Víctima

Orosia Moreno

Contexto

Orosia Moreno nació en 1727 en Jaca, y residió en Huesca la mayor parte de su vida. No estaba casada, y vivía con su madre y sus hermanos. Éstos se dedicaban a la ollería aunque ella, por ser ciega, apenas laboraría.

 

La acusación contra Orosia vino ligada a su relación con dos sacerdotes oscenses que la confesaban. Ambos fueron perseguidos por aceptar el molinismo, una doctrina cristiana que se alejaba de los preceptos papales y por vender falsas bulas. Partiendo de ahí, el tribunal fue extrayendo testimonios, hasta finalmente señalar a Orosia por «delirios de ilusión informal, practica de molinismo [y] jactancia de sortilegio con pacto expreso con el demonio», trasladándola a la cárcel inquisitorial en 1757. Se la acusaba, además, de haber formado parte de tocamientos indebidos con sus confesores, y se sospechaba que planeaba escapar a Francia con uno de ellos. Los testigos afirmaron, asimismo, que invocaba espíritus, infestaba ciudades con ratones y transformaba unos objetos en otros. Su actitud insumisa no ayudó en su juicio, de modo que sus carceleros la reprimieron con frecuencia.

 

Se realizó un auto de fe en la Iglesia de San Pablo de Zaragoza, donde se la vistió con el sambenito tradicional y se le tapó la boca, para así impedir que porfiase comentarios contra la institución. Estas ceremonias, aunque en el siglo XVIII rara vez ejecutaban a los acusados, tenían la finalidad de humillarlos, condenándolos al ostracismo social. Asimismo, servían como mecanismos para amedrentar a la población, previniéndola de la herejía y el pecado.

 

Orosia fue condenada a recibir doscientos azotes y a estar recluida de por vida en un ambulatorio, que sería el “hospital de locos” u Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Hacia 1762, la documentación muestra que se produjo un debate sobre el estado mental de Orosia: sus cuidadores sostenían que era rebelde, mas no demente. El nuevo confesor que se le asignó renegó de su labor, afirmando que su insumisión tornaba imposible convertirla.

Desde entonces, perdemos la pista de Orosia. Desconocemos qué fue de su destino, aunque Francisco Chaparro sostiene que pudo haber sido trasladada a un hospital oscense.

 

El ejemplo de Orosia muestra cómo la intolerancia en el Antiguo Régimen se dirigía frecuentemente contra las mujeres, especialmente si eran mayores y solteras. Moreno, que hoy sería considerada víctima por haber sufrido tocamientos indebidos, fue acusada de relacionarse con sus confesores y, a raíz de ello, se le atribuyeron los mismos pecados que a estos.

Memoria de dicha violencia

La memoria de Orosia ha sido, por lo general, olvidada. Sólo ha habido un elemento que ha mantenido vivo su recuerdo: un grabado de Goya. En su álbum C, destinado a representar figuras grotescas -con gran abundancia de reos inquisitoriales-, incluyó dos grabados dedicados a ella, en los que la representaba con el sambenito, los ojos cerrados y la boca amordazada. Puede leerse “Le pusieron mordaza p. qe hablaba. Y le dieron palos en la cara. Yo la bi en Zaragoza à Orosia Moreno. Pr qe sabia hacer Ratones” (sic.).

Es posible que Goya coincidiera con ella, como afirma en el grabado, o que simplemente escuchase hablar de ella. Lo cierto es que él no asistió al auto de fe.

Sin embargo, a pesar del grabado, no existen otros lugares de memoria destinados a mantener vivo el recuerdo de Orosia.

Grabado C-87 de Francisco de Goya, en el que se representa a Orosia Moreno.

Bibliografía

Chaparro, J. R. Francisco, “Memoria y presente en Goya: el auto de fe de Orosia Moreno en 1760 y el álbum C”, Dieciocho, 41, (2018): 79-106.

Peñafiel R. Antonio, “Inquisición y moralidad pública en la España del siglo XVIII”, Revista de la Inquisición, 5 (1996): 293-302.

Autoría

Luis Miguel Agud Sorli (Universidad de Zaragoza)