El injusto proceso contra los judíos de Huesca por las hostias robadas en 1377

Resumen

En el otoño de 1377, corrió el rumor en la comarca de Huesca que habían sido robadas cinco hostias de la iglesia de Tardienta. Se acusó a Ramón Raffart, un ladronzuelo que, sometido a tormento declaró que las había vendido a unos judíos de Huesca. A pesar de la inverosimilitud de la confesión, Haim Andalet, Jaffuda y Manasem Abinbez fueron acusados a su vez. Haim Andalet consiguió huir, pero Jaffuda y Manasem fueron atormentados hasta que confesaron y acusaron a otros correligionarios de haberlas profanado. El infante Juan, gobernador de Aragón, e hijo de Pedro IV el Ceremonioso, activó el proceso y condenó al cristiano a ser descuartizado y a los dos judíos a ser quemados pocos días antes del 7 de diciembre de ese año. La persecución prosiguió contra otros judíos oscenses desde Zaragoza, hasta que intervino Pedro IV que consiguió que esta injusta investigación judicial cesase. Se trata de un ejemplo de la amenaza que pesaba sobre las comunidades hebreas en la Baja Edad Media por el auge de la intransigencia religiosa.

Lugares

Huesca

Fecha

noviembre de 1377-marzo de 1378. Las condenas se cumplieron probablemente entre el 1 y el 5 de diciembre.

Tipo de violencia

física, condenas a la pena capital y ejecuciones, persecución religiosa.

Insitución/Agente

El infante Juan, duque de Girona, hijo y heredero (como Juan I) de Pedro IV y gobernador del reino en nombre de su padre.

Víctimas

El cristiano Ramón Raffart y los judíos Haim Andalet, Jaffuda y Manasem Abinabez, ejecutados; Salomón de Quatorze, Acach de Quatorze, Mossé Abinax, Abraham Abolbaça, judíos de Huesca; Samuel, Acach y Samuel Najarí y Jacob Repoll, judíos de Teruel, perseguidos.

Contexto

Como se ha indicado en el resumen, el drama arranca con un rumor que circuló por la comarca de Huesca a finales de 1377, en el sentido de que habían sido robadas cinco hostias en la iglesia de Tardienta. La acusación recayó sobre Ramón Raffart, probablemente un catalán, que había cometido algunos hurtos en la zona. El infante Juan, duque de Girona, llegó a Huesca el 22 de noviembre y decidió lanzar una investigación sobre este asunto, sin duda con la finalidad de acaparar cuotas de autoridad frente a su padre, Pedro IV el Ceremonioso, con el que mantenía una relación tensa. Los consejeros del príncipe le indujeron a apropiarse de este proceso judicial para demostrar su capacidad de ejercer la justicia al más alto nivel. En consecuencia, el desdichado Raffart fue torturado hasta que confesó que había vendido las hostias a tres judíos de Huesca, Haim Andalet, sastre, y Jaffuda y Manasem Abinabez. El primero consiguió huir, pero los otros dos fueron sometidos a brutales tormentos y acusaron a otros judíos, en particular a miembros de la familia Quatorze, de haber profanado las hostias. Sin muchos más trámites, el infante condenó al cristiano a ser descuartizado y a los judíos a morir quemados. Las ejecuciones tuvieron lugar antes del 7 de diciembre, cuando Juan lo comunicó a su padre antes de viajar a Zaragoza, desde donde ordenó apresar a Salomón y Açach Quatorze y otros judíos oscenses refugiados en Teruel. Todo ello, a pesar de que tanto Raffart como los Abinabez proclamaron en el patíbulo su inocencia y afirmaron que sus imputaciones eran resultado de las torturas que habían sufrido.

Durante los meses de diciembre y enero, el rey y el infante se intercambiaron varias cartas, en las que Pedro advertía a su hijo de que este tipo de acusaciones habían demostrado ser falsas en otras ocasiones y le dejaba caer que no debía ser tan crédulo. El infante Juan, por su parte, reunió a principios de 1378 a un consejo en la capital del reino en el que figuraban el arzobispo de Zaragoza, el obispo de Tarazona, el Justicia de Aragón y un buen número de notables para llevar a juicio a los judíos supuestos profanadores de las hostias. Esta vez les concedió el derecho a defenderse, pero también fueron sometidos a tormento. Seguramente con el objetivo de desmontar esta farsa, Pedro IV nombró al noble Lope de Gurrea y al jurista zaragozano Miguel de Capiella como asesores de su hijo y para atarle sus veleidades judiciales. A lo largo del mes de marzo, el consejo volvió a reunirse, pero otro tipo de problemas –como la proyectada expedición real a Cerdeña– distrajeron la atención del infante y de sus consejeros y en el transcurso de abril o principios de mayo el proceso fue sobreseído y los judíos presos fueron liberados.

Este acontecimiento ilumina algunos aspectos importantes de la compleja relación entre la sociedad cristiana y las comunidades judías encastradas en ella a finales del siglo XIV. Por una parte, un difuso pero potente antisemitismo de fondo que permitía que cargos de este tipo surgieran de vez en cuando, con consecuencias nefastas para las aljamas judías. Una intransigencia religiosa que no era en absoluto nueva, pero que se agravó en este periodo. Estos prejuicios contra los hebreos, sin embargo, no eran tan ofuscantes como para no percibir los intereses que subyacían tras ellos. Así, en Zaragoza hubo también un rumor en el sentido de que el infante quería llegar a un acuerdo con la aljama para que le ofreciese dinero a cambio de cerrar el proceso. El mismo Pedro IV estaba convencido de que el asunto era, en realidad, un problema político con su hijo y no una cuestión de celo religioso. Por otra, muestra la dependencia de las comunidades judías de la protección del rey y, en general, de los aparatos estatales, que no se podía dar por descontada y manifestaba fallos como el que tuvo lugar en 1377. Por último, el proceso de las hostias pone de relieve el amplio desprecio de las convenciones legales y jurídicas aragonesas –que, por ejemplo, prohibían la tortura judicial– que era posible llevar a cabo cuando se trataba de una minoría como la judía, sometida a una segregación y una dominación muy severas.

Memoria de dicha violencia

No hace falta decir que este proceso cayó en el olvido y solamente la investigación de los historiadores lo rescató hace algo más de un siglo de entre los registros de la cancillería real, que incluyen la correspondencia entre el rey y el infante respecto a este cruel ejemplo de violencia contra los judíos.

A raíz de ello se creó el Parque Temático de las Brujas, una ruta que comunica varias sendas, en la cual abundan constantes alusiones a la brujería y un Centro de Interpretación de las Bruyxas de Laspaúles, el cual rescata la memoria de las veintiocho hechiceras procesadas en los autos de fe. Por último, cada dos años se celebra en la localidad una recreación histórica del auto de fe. Éste tiene por título Lo Consell de Laspaúls y, mezclando historia con entretenimiento, busca acercar el proceso de 1592 a las nuevas generaciones.

Bibliografía

Durán Gudiol, Antonio, La judería de Huesca, Guara Editorial, Zaragoza, 1984.

Miret i Sans, Joaquim, «El procés de les hosties contra·ls jueus d’Osca en 1377», Anuari de l’Institut d’Estudis Catalans, IV (1911-1912), pp. 59-80.

Autoría

Carlos Laliena Corbera (Universidad de Zaragoza)