Motín anticlerical de abril de 1835
Resumen
En el contexto de la Regencia de María Cristina y con la guerra carlista de fondo, un batallón de milicianos se sublevó en Zaragoza el 3 de abril de 1835 poniendo al arzobispo en el punto de mira. Frustrado el asalto al palacio episcopal la violencia se extendió por la ciudad produciéndose algunos asesinatos y el asalto a varios conventos. Mataron en la calle del Cisne, junto a la Seo, al canónigo D. José Antonio Marco que salía del palacio arzobispal. El presbítero Rafael Mur fue asesinado en la calle Mayor y en la calle de la Cuchillería el librero Domingo Pardo, muy cercano a ambientes clericales. Después, en el convento de la Victoria encontraron la muerte cinco frailes e hirieron al predicador Faustino Garroverea, prendiendo fuego al convento. Más tarde se dirigieron al convento de San Diego, de franciscanos, donde acabaron con la vida de cuatro frailes y el portero. Finalmente, un lego que salió a avisar de los hechos al capitán general, Manuel Casajús, fue tiroteado en la calle por la milicia y también murió.
Lugares
calle del Cisne, junto a la Seo
calle Mayor; calle de La Cuchillería, actual D. Jaime
convento de La Victoria (actual Museo del fuego)
convento de San Diego, actual paseo de la Independencia.
Fecha
3 de abril de 1835
Tipo de violencia
física. asesinato
Insitución/Agente
milicianos urbanos de Zaragoza y vecinos de la ciudad.
Víctimas
canónigo D. José Antonio Marco, presbítero D. Rafael Mur, beneficiado de La Magdalena, D. Domingo Pardo anfitrión de una tertulia con clérigos y laicos vinculados al clero. Seis frailes en el convento de la Victoria, Fr. N. Sebastián, Fr. N. Suñer, Fr. N. Anadón, Fr. Antonio Rodrigo, Fr. Bernardo N., Fr. Faustino Garroverea que sobrevivió y un fraile lego. Cuatro frailes, Fr. Juan Navarro, Fr. José Alviana, Fr. Mariano Gimeno, Fr. Manuel Casajús y el portero en el convento de San Diego, de franciscanos.
Contexto
El anticlericalismo liberal no surgió de un día para otro. Desde los inicios del Ochocientos, y más todavía durante el Trienio constitucional, fue manifestándose en la sociedad y más claramente tras el fallecimiento de Fernando VII y los inicios de una tímida transformación de la sociedad absolutista. Desde principios del año 1835 y, sobre todo, durante el verano de ese mismo año afloró a la superficie la rabia contenida entre las capas medias y populares de la sociedad urbana contra las instituciones religiosas, eclesiásticos y personas cercanas al mundo clerical.
En Zaragoza, durante la tarde del 3 de abril un batallón de la Milicia Urbana se sublevó y, según ciertas fuentes, arengados y dirigidos por dos frailes, enfrentados con el arzobispo por cuestiones de disciplina clerical, Agustín Crespo, carmelita calzado y coadjutor de la parroquia de La Magdalena, y Crisóstomo Gasque, mínimo del convento de La Victoria, capellanes ambos de sendos batallones de la Milicia Urbana. El gentío y los urbanos se dirigieron hacia el palacio arzobispal a los gritos de “Muera el arzobispo, Muera el cabildo”. Las puertas de palacio estaban cerradas y en la plaza frontera estaba apostado un batallón de urbanos al mando del conde de La Rosa. Muy pronto acudió también el capitán general al frente de fuerzas militares y el asunto aparentemente no fue a mayores.
Sin embargo, los vecinos enardecidos y los urbanos iban a seguir en su empeño. De camino hacia el convento de La Victoria, en la calle del Cisne, junto a la Seo, encontraron al canónigo D. José Antonio Marco que salía del palacio arzobispal y lo mataron. Al pasar por la cercana calle Mayor hallaron al presbítero D. Rafael Mur, beneficiado de La Magdalena, y allí mismo fue asesinado. Continuaron avanzando y en la calle de La Cuchillería, actual calle D. Jaime, vieron al librero D. Domingo Pardo en cuya trastienda celebraba tertulias con clérigos y laicos vinculados al clero y le dieron muerte.
Llegados al convento de La Victoria, de los frailes mínimos de San Francisco de Paula, en el actual museo del fuego, entraron al edificio en el que se estaba celebrando el oficio religioso de las cuarenta horas, y mataron a cinco frailes, entre ellos al portero, dejando malherido al afamado predicador y catedrático de la Universidad, Fr. Faustino Garroverea, y prendieron fuego al convento. Se dirigieron a continuación al convento de San Diego, de los franciscanos, situado en el actual paseo de la Independencia donde una calle lo recuerda. Entraron en el recinto, mataron al portero y a otros cuatro frailes, y uno de ellos, el lego Fr. Manuel Casajús, al ver llegar a la turba acudió a pedir ayuda al capitán general. Como era el crepúsculo, los urbanos le dieron el ¡alto quién vive! y al responder el fraile “San Francisco”, le replicaron: “ni San Francisco te ha de valer” y lo mataron de una descarga. Al llegar la noche, la intervención de la guarnición al mando del capitán general, Antonio Mª Alvarez restableció el orden en la ciudad, pero la inquietud seguía presente.
Memoria de dicha violencia
No se conserva.
Bibliografía
Lafoz Rabaza, Herminio, Los años decisivos. Milicia y revolución burguesa en Zaragoza, 1834-1837, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, Diputación Provincial de Zaragoza, 2016
Franco de Espés, Carlos, Los motines y la formación de la Junta Revolucionaria de Zaragoza en 1835, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, Diputación Provincial de Zaragoza, 1981
Muns y Castellet, Francisco, Los mártires del siglo XIX, Barcelona, Imprenta Elzeviriana y Librería Camí, S.A., 1888
Autoría
Carlos Franco de Espés y Pedro Rújula (Universidad de Zaragoza)