El proceso contra Guirandana de Lay

Resumen

Guirandana de Lay fue una curandera acusada de brujería en 1461. Se le atribuyeron ocho muertes por envenenamiento, así como celebraciones de aquelarres con otras hechiceras de Villanúa. Pese a negar inicialmente los hechos, la tortura obligó a Guirandana a dar por ciertas las acusaciones. Fue condenada a muerte en la hoguera, aunque la tradición ha mantenido viva su memoria.

Lugares

Villanúa, comarca de la Jacetania, Huesca.

Fecha

1461

Tipo de violencia

Institucionalizada. Guirandana fue condenada a la hoguera.

Insitución/Agente

Tribunal del Santo Oficio.

Víctimas

Guirandana de Lay.

Imagen del árbol de las brujas, que muestran el empeño de la población de Villanúa por mantener viva la memoria de sus "bruxas".

Contexto

En el siglo XV se produce un extraordinario desarrollo de los procesos por brujería. Fue en este tiempo cuando Sprenger e Institor publicaron Malleus maleficiarum (1487) o el Martillo de las Hechiceras, considerado el primer tratado sobre brujería en el mundo moderno. Al calor de estos nuevos discursos, se produjo la acusación por parte del noble local Blasco de Acín a Guirandana de Lay de haber asesinado a sus dos hijos envenenándolos. Desconocemos completamente la vida de esta mujer hasta el momento de la denuncia ante la Inquisición por brujería.

Según el documento emitido por los Inquisidores, se la acusó de provocar ocho muertes por envenenamiento y de haber celebrado aquelarres, donde se habrían producido pactos con el diablo. En el primer interrogatorio, Guirandana negó rotundamente haber cometido los crímenes. Afirmó que, por ser curandera, su propósito era el de salvar vidas, no el de quitarlas. Sin embargo, en el segundo interrogatorio, afirmó utilizar sustancias venenosas e incluso delató a varias “ponçoñeras” más. Tal vez la confesión fuese un intento por suavizar un castigo que, aunque injusto, Guirandana consideraría inevitable. José Antonio Fernández Otal cree que, además, las pócimas preparadas podrían contener elementos alucinógenos, lo cual disolvía las fronteras entre el mundo real y el onírico. Unido a la confusión y el miedo, Guirandana pudo haber visto sucesos irreales, que los inquisidores habrían tomado por ciertos.

La curandera fue condenada a muerte en la hoguera. Éste era el método de ejecución preferido de la Inquisición, ya que se consideraba que el fuego purificaba los pecados capitales. Aun así, el Santo Oficio nunca ejecutaba físicamente las penas, sino que ofrecía los reos al Poder civil, en un hecho simbólico que demostraba la unión de ambas esferas en la lucha contra el mal.

Memoria de dicha violencia

Con frecuencia, los casos de brujerías caen en el olvido. Sin embargo, debe señalarse que las brujas de Villanúa han sido recordadas de varias formas.La tradición sitúa la celebración de aquelarres en dos lugares específicos: la Cueva d’as Güixas y la Caseta d’as Güixas (un dolmen megalítico). Sin embargo, los documentos del proceso no mencionan ninguna de las dos como lugar frecuentado por las hechiceras. Es posible que el topónimo “güixa”, que significa “bruja”, haya sido utilizado para explicar el origen de estas formaciones.

 

También desde el concejo de Villanúa se ha tratado de mantener viva la memoria de Guirandana y sus compañeras. Se han organizado muestras teatrales sobre aquelarres, celebradas en la misma Cueva de las Güixas. En ellas, se ha mostrado una versión renovada de los aquelarres, la cual se aleja de los componentes místicos y busca una representación realista. Asimismo, existe un monumento en honor a las brujas de Villanúa: un árbol con sus caras talladas y una placa de mármol en la que se afirma: “la historia quiso silenciar a las bruxas y aquí hemos recuperado su memoria”, recordando que sólo muere aquello que nos empeñamos en olvidar.

Imagen de la placa de mármol, que muestran el empeño de la población de Villanúa por mantener viva la memoria de sus «bruxas».

Imagen del dolmen de las Güixas, donde la tradición sitúa la celebración de aquelarres.

Imagen de la cueva de las Güixas, también relacionada con la celebración de reuniones entre brujas.

Imagen del árbol de las bruxas, que muestran el empeño de la población de Villanúa por mantener viva la memoria de sus «bruxas».

Mapa del dolmen (rojo) y la cueva de las Güixas (azul)

Bibliografía

Ferández Otal, José Antonio, “Guirandana de Lay, hechicera, ¿bruja? y ponzoñera de Villanúa (Alto Aragón), según un proceso criminal del año 1461”, Aragón en la Edad Media, 19 (2006): 135-172.

Gari Lacruz, Ángel, Brujería e Inquisición en Aragón, Zaragoza, Delsan-Historia, 2007.

Gari Lacruz, Ángel, “Los aquelarres en Aragón según los documentos y la tradición oral”, en Nicole Jacques-Chaquin y Maxime Préaud, Le Sabbat des sorciers en Europe (XVe-XVIIIe siécles), Grenoble, Jerôme Millón, 1993, 281-298.

Tausiet Carlés, María, Abracadabra Omnipotens: Magia urbana en Zaragoza en la Edad Moderna, Madrid, siglo XXI, 2007.

Tausiet Carlés, María, “Brujería y metáfora, el infanticidio y sus tradiciones en Aragón”, Temas de antropología aragonesa, 8 (1998): 61-83.

Tausiet Carlés, María, Ponzoña en los ojos. Brujería y superstición en Aragón en el siglo XVI. Zaragoza. Institución Fernando el Católico, 2004.

Villagrasa, Santi, “La Semana de las Güixas de Villanúa plantea una versión feminista sobre las brujas”, Heraldo de Aragón, 24 de agosto de 2023.

Autoría

Luis Miguel Agud Sorli (Universidad de Zaragoza)