Sucesos del Jubileo de 1901
Resumen
Los sucesos del Jubileo constituyen probablemente el enfrentamiento más violento entre clericales y anticlericales en el Aragón de comienzos del siglo XX. Las tensiones producidas por el rol hegemónico del catolicismo en la Restauración en Aragón no se tradujeron en episodios de violencia física y con frecuencia se limitaron a insultos y algaradas. Sin embargo, el ataque anticlerical a la procesión del jubileo estuvo a punto de acabar en una verdadera tragedia cuando ambos bandos comenzaron a cruzarse disparos.
Lugares
Plaza de San Felipe, Zaragoza
Lugares
17 de julio de 1901
Tipo de violencia
física, simbólica
Insitución/Agente
Grupos republicanos y anarquistas
Víctimas
12 heridos
"La procesión del Jubileo en Zaragoza, atacada por una banda de francmasones que hieren a 46 católicos con revólveres, piedras y bastones", Le Pèlerin, 1901.
Extraída de https://www.flickr.com/photos/zaragozaantigua/15159095728
Contexto
En el marco de los festejos por el jubileo, el 17 de julio de 1901 ante la procesión que iba a salir del Pilar se congregó una manifestación que buscaba impedir su desarrollo entre gritos de libertad y cánticos de la Marsellesa. Para evitar posible altercados el gobernador planteó que se cancelara la procesión, pero el arcediano del Pilar José Pellicer decidió continuar con la misma. Durante la procesión hubo diversos intentos de impedir su desarrollo e incluso bloquear su paso con un tranvía en la plaza Ariño. En esta plaza se produjo el primer enfrentamiento serio y uno de los asistentes fue apaleado. Al pasar por la calle Alfonso, fueron atacados con ladrillos y piedras de una obra cercana situada en la calle de la Torre nueva. La violencia fue in crescendo y se produjeron varios disparos con armas cortas tanto por parte de los participantes de la procesión como probablemente desde los contramanifestantes en la plaza de San Felipe.
Finalmente, la Guardia Civil disolvió el enfrentamiento. Se encontraron 19 armas blancas y pistolas y el campanero de la Iglesia de San Felipe y su hijo fueron detenidos por posesión de armas cargadas. Sin embargo, no se consiguió apaciguar del todo los ánimos y se reprodujeron durante todo el día altercados en la sede del periódico católico El Noticiero, así como en la sede del colegio del Corazón de Jesús y el convento de Santa Inés, donde quemaron la puerta del edificio.
Curiosamente el acontecimiento que a la postre atrajo mayor atención y que no sólo no reviste la importancia de los altercados anteriores, sino que probablemente no llegó a producirse, fue el apedreamiento de la Basílica del Pilar. Según buena parte de la prensa católica, la agresión obligó al cierre del templo, algo que no habría ocurrido ni en los peores tiempos de los Sitios de Zaragoza. Sin embargo, el catedrático derecho y católico social, Juan Moneva y Puyol desmontaba en parte este relato y apuntaba que se había tratado más bien de un juego de unos niños de 8 a 12 años que había sido magnificado por la prensa. De hecho, señalaba que “la opinión anticlerical o antirreligiosa no iba contra el Pilar”.
El enfrentamiento se produjo en el marco de las conocidas como guerras culturales que se produjeron en la Europa del último tercio del siglo XIX y principios del siglo XX. Muchos estados impulsaron una legislación tendente a neutralizar el catolicismo como fuerza política y limitar su influencia en la esfera pública. Si bien el enfrentamiento entre católicos y anticlericales sobre el lugar de lo religioso en la política no era nuevo, sí lo era el hecho de que se articulase en una movilización social. El conflicto además se introdujo en casi todos los aspectos de la vida social, desde la educación al registro civil, pasando por los cementerios.
En España, aunque la legislación laica no alcanzó los niveles de otros países europeos, sí hubo una intensa movilización social en torno a la cuestión religiosa entre clericales y anticlericales. De hecho, la Constitución de 1876 definía el catolicismo como religión estatal y se toleraba otros cultos sin ostentación pública. Por ello, tanto demócratas, republicanos y otros movimientos desafiaron la hegemonía del catolicismo en la calle. La lucha contra esta situación privilegiada explica en parte su voluntad por perturbar el normal funcionamiento de la
El enfrentamiento se radicalizó por la conflictividad social y la vinculación del catolicismo con la defensa del orden social, la monarquía e incluso el carlismo. Este último estuvo muy presente y activo en este tipo de demostraciones religiosas que pronto adquirían un cariz político. Como recuerda Juan Moneva y Puyol, su confesor, mosén Juan Buj, le exhortó como si se dispusiese, “no para procesión, sino para batalla o para martirio”. Por su parte, la prensa anticlerical alentaba este tipo de enfrentamientos e incluso se felicitaba por la violencia como Ignacio Rodríguez Aberrategui quien en El Clamor zaragozano señalaba “¡Chicos, muy bien, habéis estado admirables! Un poquito flojos, pero de todas maneras admirables.”
Memoria de dicha violencia
Tras un primer momento donde el foco se puso en el violento enfrentamiento de la Plaza de San Felipe, las crónicas comenzaron a centrarse en el “ataque” al Pilar, subrayando como ni siquiera durante los momentos más duros de los Sitios las puertas de la Basílica llegaron a cerrar. En desagravio por lo ocurrido se promovió la construcción de la segunda torre de la basílica, se celebró una peregrinación nacional a Zaragoza para la coronación del Pilar en 1905 y se creó la Corte de Honor de Damas del Pilar para velar su imagen. Sin embargo, conforme avance la década la memoria de los sucesos del jubileo quedará diluida y ninguna de estas tres iniciativas quedará asociada a lo ocurrido en 1901.

Vista de la basílica de Nuestra Señora del Pilar con las dos torres. Puente de Piedra sobre el río Ebro. Lonja, Estudio Coyne, AHPZ – MF/COYNE/003732
Bibliografía
Moneva y Puyol, Juan, Memorias, Zaragoza, Talleres de Artes Gráficas, 1952.
Ramón Solans, Francisco Javier, La Virgen del Pilar dice… Usos políticos y nacionales de un culto mariano en la España contemporánea, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014.
Salomón Chéliz, María Pilar, Anticlericalismo en Aragón. Protesta popular y movilización política (1900-1939), Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2002, p. 264-269.
Autoría
Francisco Javier Ramón Solans (Universidad de Zaragoza)