Resistencia Bautista en Binéfar
Resumen
La Iglesia Evangélica Bautista de Binéfar se consolidó tras el traslado a la localidad del pastor Joaquín Ronsano y su familia en la década de los treinta procedentes de Tarrasa. A pesar de las restricciones impuestas por el régimen franquista, la comunidad se organizó y, en 1946, obtuvo el permiso para celebrar cultos dentro de su capilla. Sin embargo, esta autorización no evitó la hostilidad local. La capilla fue objeto de actos vandálicos y el pastor sufrió agresiones físicas, en las que participaron miembros de la guarnición militar de la localidad. A pesar de estas presiones, la iglesia logró mantenerse activa gracias a la implicación de unas quince familias y al apoyo externo de figuras como Samuel Vila. En 1955, se construyó un baptisterio, consolidando la comunidad y facilitando el culto bautista. La iglesia de Binéfar también se convirtió en centro de referencia para otras localidades. Su historia es ejemplo de resistencia evangélica en un contexto marcado por la intolerancia a los “cultos disidentes”.
Lugares
Calle Era Alta, nº2 Binéfar (Huesca)
Fecha
1943-1955
Tipo de violencia
Agresiones físicas, vandalismo, intimidación institucional, represión religiosa
Insitución/Agente
Autoridades franquistas
Víctimas
Pastor Joaquín Ronsano y comunidad de la Iglesia Evangélica Bautista de Binéfar
Contexto
La Iglesia Evangélica Bautista de Binéfar constituye uno de los ejemplos más duraderos y significativos del protestantismo rural en el franquismo. Su origen se remonta a la década de los treinta, tras el traslado a la localidad del pastor Joaquín Ronsano y su familia procedente de Tarrasa. Sin embargo, la consolidación de este núcleo bautista y el aumento de su presencia social llegó de la mano del matrimonio Casals Torrents, el cual se trasladó a la localidad y donó una casa situada en la calle Era Alta, nº2, que se convirtió en el centro de reunión y culto.
En un contexto de represión religiosa marcado por el nacionalcatolicismo, la legalidad para estos grupos era ambigua. El Fuero de los Españoles, promulgado en julio de 1945, ofrecía una aparente apertura: el artículo sexto reconocía la libertad religiosa bajo tutela del Estado, aunque subordinada al orden público y la moral católica. Este pequeño margen legal fue utilizado por diversas confesiones evangélicas para solicitar permisos oficiales. Así, el 17 de octubre de 1946, la Iglesia Bautista de Binéfar solicitó al Gobernador Civil de Huesca, Manuel Pamplona Blasco, autorización para la celebración pública de cultos. El 2 de diciembre se les concedió el permiso, aunque restringido al interior del templo, con la expresa prohibición de realizar cualquier manifestación externa. A pesar de esta legalización limitada, la comunidad sufrió diversos actos de hostigamiento: agresiones físicas al pastor y ataques al local de culto, en ocasiones con la participación de miembros de la guarnición militar local.
Lejos de desaparecer, la iglesia perseveró, construyó su propio baptisterio en 1955, y extendió su presencia a otras localidades de Huesca y Lleida, como Tamarite de Litera, Monzón, Almacellas y Raimat. A través de la práctica de cultos, la solidaridad interna y la misión evangelizadora, logró sostener su vida religiosa bajo una represión constante, sorteando los límites de la legalidad franquista mediante una fe activa y una red comunitaria comprometida.
Memoria de dicha violencia
Actualmente, no se ha identificado ningún monumento, acto oficial ni reconocimiento específico dedicado a la memoria de la represión sufrida por la Iglesia Evangélica Bautista de Binéfar durante el franquismo.
Bibliografía
Gómez Bahillo, Carlos (coord.), Construyendo redes. Minorías religiosas en Aragón, Barcelona y Madrid: Icaria y Fundación Pluralismo y Convivencia, 2009.
Sebastián Vicent, Ramón, Protestantismo y tolerancia en Aragón (1870-1990), Zaragoza: Mira Editores, 1993.
Autoría
Isabel Escobedo Muguerza (Universidad de Zaragoza)