En la primavera de 1064, un ejército franco compuesto por caballeros procedentes de Champaña, Normandía y Poitou, por una parte, y normandos del sur de Italia, por otro, asedió la ciudad musulmana de Barbastro situada en la Marca Superior de al-Andalus, que fue sometida a un brutal saqueo y sus habitantes reducidos a la esclavitud. A pesar de tratarse de una ciudad pequeña –para los estándares islámicos de la época–, su destrucción causó un enorme impacto tanto en la Europa feudal como en Al-Andalus y los abundantes testimonios de cronistas latinos y árabes confirman esta repercusión. El acontecimiento es en sí mismo muy importante, puesto que supone una excepcional expedición militar que coordinó a nobles de regiones diversas y muy lejanas de Barbastro, con un apoyo ideológico del papa Alejandro II, pero, además, ha adquirido un estatuto muy importante en la genealogía de las cruzadas que intentan trazar los historiadores desde los años 1930. ¿Fue esta campaña un ensayo de la primera cruzada, predicada por Urbano II en 1095?